No hay territorio sin control territorial; es decir, no hay territorio sin autodeterminación, justicia social y económica, identidad y memoria.
Atuchajpa Sujllayaj del Pueblo Diaguita Cacano

sábado, 9 de febrero de 2013

¿Qué celebra Julio Abdala en Medellín?


Gran show, mentiras, pan y circo para ocultar violaciones de derechos

Una farsa montada por el gobierno de Santiago del Estero y el comisionado de Estación Medellín, Atamisqui

Según los historiadores del gobernador Gerardo Zamora y del comisionado de Medellín, Julio Abdala, esta población estaría por celebrar sus 469 años. Sin embargo, este pueblo que nace como una estación del Ferrocarril Mitre no tiene más de 80 años. ¿Por qué, entonces, la mentira? ¿Para ocultar qué verdad?
En la década del ’30 del pasado siglo XX se traza el ferrocarril por el cordón boscoso El Alto, en el departamento Atamisqui, con el objetivo de explotar este bosque nativo; como parte de este plan extractivo de los recursos naturales se fundan las estaciones de Medellín (1933) y Atamisqui. La consecuencia directa fue la deforestación salvaje que generó un proceso de desertización y salinización que convirtió al departamento Atamisqui en uno de los más empobrecidos y explotados del país; el trabajo esclavo en el obraje a manos de compañías como Llapur y Azar Cía., donde se les arrebató la vida a los abuelos de quienes hoy ven su propia vida arrebatada a manos de empresas como Monsanto y otras; el desconocimiento de los derechos territoriales de las comunidades campesinas e indígenas; etc.
A Estación Medellín se le puso ese nombre en “homenaje” a otro Medellín, el fuerte que en 1543 fundara la expedición española de Diego de Rojas (con él ya muerto). Se cree, sin que exista certeza que el mismo estuvo emplazado unos kilómetros al norte del paraje actualmente denominado Soconcho (Atamisqui). Aquella “ciudad” no llegó al año de vida puesto que fue incendiada por el pueblo originario de este territorio en defensa del mismo. Tal vez la fecha del 9 de febrero de 1544 que proponen Zamora y Abdala sea la del día que los diaguitas quemaron este fuerte.
Cuando hacia fines de la década de 1940 la explotación del bosque para la producción de carbón y madera ya no era rentable, estos empresarios abandonaron lo que nunca les perteneció y, El Alto, como bosque agonizante, volvió a quedar bajo el cuidado de las comunidades indígenas y campesinas quienes hicieron posible su recuperación, aunque el daño irreversible ocasionado se fuera llevando los maizales para dejar a cambio salitre y sequía.
La llegada del nuevo siglo trajo al “adelantado” gobernador Zamora y su comisionado Abdala, a reescribir la historia de muerte para el bosque, campesinos, indígenas, peones esclavos rurales; y de festejo para políticos y empresarios. Nuevamente El Alto es objetivo económico de empresarios agropecuarios inversores, representantes del “progreso”; así fue como en el año 2006 llegó Sbiglio, de origen cordobés, quien con el acompañamiento de guardias blancas intenta usurpar el territorio del Ayllu Puncu Atun –comunidad indígena del Pueblo Diaguita Cacano integrado por más de 30 familias-. Cuando Sbiglio se presenta ante el juez solicitando se le otorgue la posesión del inmueble, ya que anteriormente nunca la había tenido, es Julio Abdala su principal testigo ante la justicia para declarar falsamente que en el lugar no había más de 4 familias y 2 de ellas no eran del lugar.
En el 2011 Julio Abdala vuelve a ser noticia cuando el propio gobierno zamorista, a través de Fiscalía de Estado remata por incumplimiento fiscal un campo de 400 has., en El Alto, que figuraba a nombre de este comisionado. El remate fue noticia porque las 400 has. son parte del territorio de otra comunidad indígena del mismo pueblo, el Ayllu de Tulúm Tulúm.
En septiembre del año 2012 la comunidad Ayllu Taa Ayllus Kuska, dentro de cuyo territorio se localiza el pueblo de Estación Medellín, denuncia el accionar delictivo mafioso del supuesto encargado de otro empresario de origen cordobés, “el ruso”, por la destrucción y quema de cercos de siembra, matanza de animales, destrucción de canales y puentes, deforestación de un bosque protegido por la ley de bosques, etc., de la comunidad indígena. Este “ruso” se desplaza por Medellín al calor de la protección policial y, de la protección política de Julio Abdala.
En diciembre del mismo año, la jueza María Cecilia Paskevicius, en abierto incumplimiento de la Ley nacional 26.160, ordena el desalojo de una familia indígena del Ayllu Tulúm Tulúm a pesar de que esta comunidad ya había sido relevada por el Programa Nacional de Relevamiento Territorial de Comunidades Indígenas. En su dictamen la jueza argumenta que ni la familia ni la comunidad son indígenas para lo cual se basa en la declaración testimonial de Julio Abdala y de la directora de la escuela de Puesto del Rosario, hermana del socio de Julio Abdala a quienes Fiscalía les rematara 400 has. del mismo Ayllu en el 2011.
Fuera de estas intervenciones “extraordinarias” de Julio Abdala a favor de empresarios inversores que aspiran explotar un bosque categorizado como Rojo por la Ley de Bosques y, sagrado para el Pueblo Diaguita Cacano, para lo que necesitan vaciarlo de comunidades indígenas y campesinas; ¿cuál es el papel que juega Abdala en esta estrategia de expansión de la frontera agropecuaria a costa del desalojo de familias indígenas reducidas a trabajo esclavo y destrucción del bosque nativo? Hacer uso de la necesidad más básica para garantizar la vida, el agua, como chantaje para despoblar el área rural.
En la infame década del ’90 dejó de circular el tren y, con él, una forma inhumana e indigna de proveer agua para consumo humano, ya que en su parada en Medellín el maquinista permitía que los pobladores “asalten” el tren para extraer un balde de agua. A partir de esa ausencia al agua la proveen con camiones tanques el gobierno provincial, la municipalidad de Villa Atamisqui y, en este último tiempo, Julio Abdala. Ninguna familia indígena o campesina recibe agua de estos camiones si previamente no hacen cambio de domicilio hacia el pueblo de Medellín, a la vez esta práctica le sirve a Abdala en su proyecto político de convertir a Medellín en municipio y, a él, en intendente.
Muy a pesar de Zamora, Abdala y los 469 años, las comunidades indígenas del Pueblo Diaguita Cacano han sido reconocidas por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y relevadas en el marco de la ley 26.160.
Por todo esto y, a pesar del loable objetivo de destinar lo recaudado en el festejo para la compra de un ecógrafo y un electrocardiógrafo (para poder usarlos también habrá que hacer cambio de domicilio); la “celebración” de los 469 años no deja de tener el carácter de farsa para disfrazar el despojo, la explotación, la negación y obstrucción a los derechos básicos para la vida.
Mañana 9 de febrero, en la fiesta de Abdala, al ritmo de Los Palmera, las comunidades no podrán dormirse en El Alto.

Lic. Reinaldo Ledesma
Puridor Diaguita Cacano                                       

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